¡Hombres y mujeres en pie de lucha por la revolución feminista e igualdad de género!

La sociedad actual es ese lugar donde reina una especie de libertad avasalladora que nos acoge a todos a pesar de nuestras diferencias religiosas, políticas, culturales y sexuales. Cada individuo, directa o indirectamente, pertenece o se identifica con la idiosincrasia de una subcultura, corriente, género o movimiento. Pero, ¿sera que existen requisitos especiales para hacer parte de dichas comunidades? ¿Es, por ejemplo, necesario pertenecer al género femenino para ser parte activa de la revolución feminista? ¿Pueden los hombres desempeñar un papel importante, sin ser protagonistas, en la lucha de las féminas por la igualdad de género?

En el caso especial de la revolución feminista, movimiento que empodera a las mujeres en el complejo universo machista, es bastante cuestionable que algunos hombres quieran adherirse a esta lucha sin la intención de violentar el espacio que han creado las féminas para ser liderado única y exclusivamente por ellas.

¿Pueden los hombres pertenecer, de forma constructiva, a la revolución feminista? ¿Realmente están dispuestos a desarticularse de toda una oleada de pensamientos e ideologías machistas para abrirse paso a una perspectiva diferente donde las mujeres tienen el poder?

Antes de plantear una respuesta, es indispensable comprender la necesidad de que todos los géneros se unan a la lucha feminista, puesto que esta tiene como último fin, un cambio social que nos compete a todos. Si bien las principales afectadas por el sistema patriarcal son las mujeres, no quiere decir que los demás miembros de la sociedad estén de acuerdo con esta absurda imposición y, por tal motivo, tengan la intención de respaldar y apoyar la causa femenina y la igualdad de género.

¡He ahí donde se destaca el papel de los hombres en la revolución feminista! Es cuestión de empezar a asimilar la cooperación masculina como un aporte positivo al movimiento y no como una amenaza. En este contexto, el hombre es esencial y, hasta cierto punto, necesario como compañero de lucha que se opone a todo tipo de violencia en contra de la mujer.

Los hombres pueden aliarse a dicha revolución pero nunca podrán encabezarla; su papel es pasivo, lo cual les permite accionarse desde muchas perspectivas, dejando de lado la ansía de dominio. Aunque suene extraño, ellos también son víctimas del modelo social machista y se sienten tan afectados por las exigencias de este régimen y todos sus estereotipos, que deciden hacer un alto para reconsiderar, seriamente, su entorno y solidarizarse con aquellas cuyos derechos han sido vulnerados a lo largo de la historia.

La transformación del pensamiento masculino, el cual se deshace de tradicionalismos impuestos por la misma sociedad, es ya de por sí decisiva para el gremio femenino. Los hombres que rompen con los paradigmas de la masculinidad y respaldan la construcción de justicia e igualdad, ¡merecen ser aceptados como miembros que brindan acompañamiento a la lucha femenina!

Todo varón que quiera acogerse a la revolución feminista, primero tendrá que examinarse y emprender una auto reflexión acerca de su capacidad para desligarse de viejos preceptos, y reestablecer nuevos valores que permitan tanto a las mujeres como a los hombres gozar de los mismos derechos y tener las mismas obligaciones.